Rayos de sol en la piel

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Rayos de sol en la piel

Mensaje  bichopaloman el Jue Mar 29, 2012 1:33 pm

He hecho varias versiones: 3ª persona en pasado, 3ª persona presente, 1ª persona pasado, 1ª persona presente. Para que veáis las diferencias a la hora de transmitir. Ya me contaréis vuestra opinión y el que más os guste lo publicaré en más sitios. Gracias



Rayos de sol en la piel (3ª PASADO)

Como cada mañana, allí estaba ella, en aquella plaza, en aquel pequeño muro del puente, el río no llevaba agua, en realidad tan sólo era un arrollo. Aquella chica recibía el cálido sol de la mañana sentada en el muro de piedra, le encantaban los días de primavera, fresquitos por su brisa y la germinante vegetación, y a su vez cálidos en la piel por los rayos del sol.
Ella simplemente estaba allí, pensando en sus cosas, meditando, concienciándose de su metaego para comprenderse a sí misma. Observaba la piedra ocre con su textura rugosa y buscaba imágenes en su superficie como a veces se tumbaba y miraba las nubes. Las casas, el aire que separaba el puente del cauce, imaginaba el paisaje desde el aire, quería poder volar y la brisa de la montaña le ayudaba a creerlo, observaba las aves en su intrínseca naturaleza instintiva, y ella intentando comprenderse a sí misma. Pasaba gente, a veces animales, otras vehículos, como aquel chico que pasó en bici, ella se fijó en los radios de las ruedas, y en cómo ondeaba su camisa. Volvió a adentrarse en su pensamiento de una forma casi automática, acarició su piel, el sol la estaba calentando y ella se sentía a gusto, suave, ligera como su pelo que volaba libre pero sutilmente, le gustaba su piel.
Volvió a mirar hacia la plaza, una bici apoyada en una pared sombría, aquel chico ahora andaba hacia el centro de la plaza y ella le miraba, empezó a andar hacia ella, y siguió tan relajada , miró hacia el cauce, el color de la tierra le conmovía, recibía la luz de frente, ninguna sombra le avisó, pero notó un escalofrío mientras veía su piel erizarse, su nuca se estremeció, ella sintió su presencia y cómo el sol dejó de calentarle la piel, el silencio no existía en su cabeza, un cuerpo en contacto con su espalda, aquella mano masculina le acarició el pelo y se posó en su hombro derecho. El frío intenso desapareció de inmediato, volvía a sentir el calor del sol en su piel, esta vez parecía mayor, por el contraste. Ella alzó su mano izquierda y la colocó en su hombro, sobre aquella otra mano, mientras pegaba el brazo a su cuerpo, inspiraba profundamente e inclinaba su cabeza al tiempo que levantaba el hombro para “abrazar” aquella mano. Su mente dejó de divagar al instante, en nada pensaba ahora, sentir era lo que importaba, disfrutar de la sensación del calor de esa compañía y del sol, del frescor de la brisa y la naturaleza. Ella no se giró, tras unos minutos soltó la mano y él le acarició el brazo, seguidamente se separó, su espalda se perdió el contacto con su cuerpo y sintió de nuevo el frio, su mano ya no le tocaba, estaban notablemente cerca pero sin contacto, ella sentía frío, hasta que él se alejó, entonces el sol volvió a cubrir su piel.
Al poco, unos minutos después, escuchó el sonido de la bici rodar sobre las piedras de aquel puente centenario, la chica dejó de intentar comprenderse por ese día. El calor que se posaba en su piel, la brisa que refrescaba su superficie, el muro de piedra fría sobre el que se tumbó, el ambiente primaveral… …durmió unos minutos.




Rayos de sol en la piel (1ª PASADO)

Como cada mañana, allí estaba, en aquella plaza, en aquel pequeño muro del puente, el río no llevaba agua, en realidad tan sólo era un arrollo. Recibía el cálido sol de la mañana sentada en el muro de piedra, me encantan los días de primavera, fresquitos por su brisa y la germinante vegetación, y a su vez cálidos en la piel por los rayos del sol.
Simplemente estaba allí, pensando en mis cosas, meditando, concienciándome de mi metaego para comprenderme a mí misma. Observaba la piedra ocre con su textura rugosa y buscaba imágenes en su superficie como a veces me tumbaba y miraba las nubes. Las casas, el aire que separaba el puente del cauce, imaginaba el paisaje desde el aire, quería poder volar y la brisa de la montaña me ayudaba a creerlo, observaba las aves en su intrínseca naturaleza instintiva, y yo intentando comprenderme a mí misma. Pasaba gente, a veces animales, otras vehículos, como aquel chico que pasó en bici, me fijé en los radios de las ruedas, y en cómo ondeaba su camisa. Volví a adentrarme en mi pensamiento de una forma casi automática, acaricié mi piel, el sol me estaba calentando y me sentía a gusto, suave, ligera como mi pelo que volaba libre pero sutilmente, me gusta mi piel.
Volví a mirar hacia la plaza, una bici apoyada en una pared sombría, aquel chico ahora andaba hacia el centro de la plaza y yo le miraba, empezó a andar hacia mí, y seguí tan relajada, miré hacia el cauce, el color de la tierra me conmovía, recibía la luz de frente, ninguna sombra me avisó, pero noté un escalofrío mientras veía mi piel erizarse, mi nuca se estremeció, sentí su presencia y cómo el sol dejó de calentarme la piel, el silencio no existía en mi cabeza, un cuerpo en contacto con mi espalda, aquella mano masculina me acarició el pelo y se posó en mi hombro derecho. El frío intenso desapareció de inmediato, volvía a sentir el calor del sol en la piel, esta vez parecía mayor, por el contraste. Alcé la mano izquierda y la coloqué en mi hombro, sobre aquella otra mano, mientras pegaba el brazo al cuerpo, inspiré profundamente, e incliné la cabeza al tiempo que levantaba el hombro para “abrazar” aquella mano. Mi mente dejó de divagar al instante, en nada pensaba ahora, sentir era lo que importaba, disfrutar de la sensación del calor de esa compañía y del sol, del frescor de la brisa y la naturaleza. No me giré, tras unos minutos solté la mano y él me acarició el brazo, seguidamente se separó, mi espalda perdió el contacto con su cuerpo y sentí de nuevo el frio, su mano ya no me tocaba, estábamos notablemente cerca pero sin contacto, sentía frío, hasta que él se alejó, entonces el sol volvió a cubrir mi piel.
Al poco, unos minutos después, escuché el sonido de la bici rodar sobre las piedras de aquel puente centenario, dejé de intentar comprenderme por ese día. El calor que se posaba en la piel, la brisa que refrescaba su superficie, el muro de piedra fría sobre el que me tumbé, el ambiente primaveral… …dormí unos minutos.



Rayos de sol en la piel (3ª PRESENTE)

Como cada mañana, allí está ella, en aquella plaza, en aquel pequeño muro del puente, el río no lleva agua, en realidad tan sólo es un arrollo. Aquella chica recibe el cálido sol de la mañana sentada en el muro de piedra, le encantan los días de primavera, fresquitos por su brisa y la germinante vegetación, y a su vez cálidos en la piel por los rayos del sol.
Ella simplemente está allí, pensando en sus cosas, meditando, concienciándose de su metaego para comprenderse a sí misma. Observa la piedra ocre con su textura rugosa y busca imágenes en su superficie como a veces se tumba y mira las nubes. Las casas, el aire que separa el puente del cauce, imagina el paisaje desde el aire, quiere poder volar y la brisa de la montaña le ayuda a creerlo, observa las aves en su intrínseca naturaleza instintiva, y ella intentando comprenderse a sí misma. Pasa gente, a veces animales, otras vehículos, como aquel chico que pasa en bici, ella se fija en los radios de las ruedas, y en cómo ondea su camisa. Vuelve a adentrarse en su pensamiento de una forma casi automática, acaricia su piel, el sol la está calentando y ella se siente a gusto, suave, ligera como su pelo que vuela libre pero sutilmente, le gusta su piel.
Vuelve a mirar hacia la plaza, una bici apoyada en una pared sombría, aquel chico ahora anda hacia el centro de la plaza y ella le mira, empieza a andar hacia ella, y sigue tan relajada , mira hacia el cauce, el color de la tierra le conmueve, recibe la luz de frente, ninguna sombra le avisa, pero nota un escalofrío mientras ve su piel erizarse, su nuca se estremece, ella siente su presencia y cómo el sol deja de calentarle la piel, el silencio no existe en su cabeza, un cuerpo en contacto con su espalda, aquella mano masculina le acaricia el pelo y se posa en su hombro derecho. El frío intenso desaparece de inmediato, vuelve a sentir el calor del sol en su piel, esta vez parece mayor, por el contraste. Ella alza su mano izquierda y la coloca en su hombro, sobre aquella otra mano, mientras pega su brazo a su cuerpo, inspira profundamente e inclina su cabeza al tiempo que levanta el hombro para “abrazar” aquella mano. Su mente deja de divagar al instante, en nada piensa ahora, sentir es lo que importa, disfrutar de la sensación del calor de esa compañía y del sol, del frescor de la brisa y la naturaleza. Ella no se gira, tras unos minutos suelta la mano y él le acaricia el brazo, seguidamente se separa, su espalda pierde el contacto con su cuerpo y siente de nuevo el frio, su mano ya no le toca, están notablemente cerca pero sin contacto, ella siente frío, hasta que él se aleja, entonces el sol vuelve a cubrir su piel.
Al poco, unos minutos después, escucha el sonido de la bici rodar sobre las piedras de aquel puente centenario, la chica deja de intentar comprenderse por hoy. El calor que se posa en su piel, la brisa que refresca su superficie, el muro de piedra fría sobre el que se tumba, el ambiente primaveral… …duerme unos minutos.



Rayos de sol en la piel (1ª PRESENTE)

Como cada mañana, aquí estoy, en esta plaza, en este pequeño muro del puente, el río no lleva agua, en realidad tan sólo es un arrollo. Recibo el cálido sol de la mañana sentada en el muro de piedra, me encantan los días de primavera, fresquitos por su brisa y la germinante vegetación, y a su vez cálidos en la piel por los rayos del sol.
Simplemente estoy aquí, pensando en mis cosas, meditando, concienciándome de mi metaego para comprenderme a mí misma. Observo la piedra ocre con su textura rugosa y busco imágenes en su superficie como a veces me tumbo y miro las nubes. Las casas, el aire que separa el puente del cauce, imagino el paisaje desde el aire, quiero poder volar y la brisa de la montaña me ayuda a creerlo, observo las aves en su intrínseca naturaleza instintiva, y yo intentando comprenderme a mí misma. Pasa gente, a veces animales, otras vehículos, como ese chico que pasa en bici, me fijo en los radios de las ruedas, y en cómo ondea su camisa. Vuelvo a adentrarme en mi pensamiento de una forma casi automática, acaricio mi piel, el sol me está calentando y me siento a gusto, suave, ligera como mi pelo que vuela libre pero sutilmente, me gusta mi piel.
Vuelvo a mirar hacia la plaza, una bici apoyada en una pared sombría, ese chico ahora anda hacia el centro de la plaza y le miro, empieza a andar hacia mí, y sigo tan relajada , miro hacia el cauce, el color de la tierra me conmueve, recibo la luz de frente, ninguna sombra me avisa, pero noto un escalofrío mientras veo mi piel erizarse, mi nuca se estremece, siento su presencia y cómo el sol deja de calentarme la piel, el silencio no existe en mi cabeza, un cuerpo en contacto con mi espalda, esa mano masculina me acaricia el pelo y se posa en mi hombro derecho. El frío intenso desaparece de inmediato, vuelvo a sentir el calor del sol en la piel, esta vez parece mayor, por el contraste. Alzo la mano izquierda y la coloco en mi hombro, sobre esa otra mano, mientras pego el brazo al cuerpo, inspiro profundamente, e inclino la cabeza al tiempo que levanto el hombro para “abrazar” esa mano. Mi mente deja de divagar al instante, en nada pienso ahora, sentir es lo que importa, disfrutar de la sensación del calor de esta compañía y del sol, del frescor de la brisa y la naturaleza. No me giro, tras unos minutos suelto la mano y él me acaricia el brazo, seguidamente se separa, mi espalda pierde el contacto con su cuerpo y siento de nuevo el frio, su mano ya no me toca, estamos notablemente cerca pero sin contacto, siento frío, hasta que él se aleja, entonces el sol vuelve a cubrir mi piel.
Al poco, unos minutos después, escucho el sonido de la bici rodar sobre las piedras de este puente centenario, dejo de intentar comprenderme por hoy. El calor que se posa en mi piel, la brisa que refresca su superficie, el muro de piedra fría sobre el que me tumba, el ambiente primaveral… …duermo unos minutos.


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Re: Rayos de sol en la piel

Mensaje  Tana el Vie Mar 30, 2012 8:41 am

me gusta la 3ª presente
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Re: Rayos de sol en la piel

Mensaje  Terek! el Vie Mar 30, 2012 9:23 am

A mi la 3ª en Pasado (osease, la primera de todas)
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Re: Rayos de sol en la piel

Mensaje  bichopaloman el Vie Mar 30, 2012 12:51 pm

que guay! bien! por ahora la 1ª persona no gusta... a ver cómo evoluciona
Gracias por vuestra opinión y tiempo!! :3
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Re: Rayos de sol en la piel

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