Alekay - Las sensaciones

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Alekay - Las sensaciones

Mensaje  El Paladin el Jue Mayo 24, 2012 10:43 pm

Este es el trabajo que presente al concurso.


Las sensaciones.

No te das cuenta de lo frío que es el invierno hasta que pruebas el cálido verano, no puedes saborear la dulzura de la primavera sin antes paladear el amargo otoño; puedes ver al ave volar, libre, sin sentir el viento, ni batir las alas.


Puedes ver la soledad, la alegría y la melancolía; puedes rozar el delirio y acariciar el miedo, puedes escuchar los llantos y puedes percibir las risas, puedes oler de lejos el aroma de las rosas e intuir sus espinas.


Es con la mirada con la que los destellos iluminaran tu rostro y las sombras oscurecerán tu camino, es con los vivos colores con los que el mundo te mostrara su belleza, es con los tonos grises con que el universo te volcará su ira.


No te engañes; la vista no es del todo cierta, la cristalina agua puede mostrarte el reflejo de algo que no existe y un suspicaz espejo puede engañar tu mente. Puedo, con un manejo de cartas, aludir a la magia, destronar tu lógica, desmentir tu realidad y desmontar tu mundo cual baraja esparcida al azar. Es luz y oscuridad. Es color y mentira. Es negrura y divertida la mirada que se posa donde menos debería.

Los ojos te podrán mostrar… el rojo puro de las rosas vivaces, el azul sereno de una mañana tranquila, el verde fresco de un milenario prado. Verás con ellos el carmín lila de los labios de un amante y el negro del universo oscuro que te envuelve. Percibirás bellezas, como ninguna, al alcance de la mano. Tantos colores verás, a tanto te van acompañar, que también te van a mostrar el gris de las lágrimas caídas, el marrón del barro en las rodillas y de nuevo el rojo puro de la propia sangre.

Te muestra el guiño, el parpadeo, la belleza esculpida y la hermosura en movimiento. Te muestra la sonrisa amiga y el ceño fruncido, es ella, La Vista, quien te enseña el peligro y te fija el objetivo.

Es quien te da la posibilidad de ver la luz y sentir la calma, de ver la oscuridad y sentir el miedo.
Como ninguna otra sensación consigue, La Mirada, en una sola pasada, enseñarte la paz armoniosa de un plácido lago o la furia estrepitosa de una tempestad maldita.
Es con ella, la pupila dilatada, con quien verás en la noche cerrada. La mirada, el don de los artistas, la sensación predilecta, la más valorada… tu mundo lleno de luz y color, lleno de formas y figuras, lleno de definidas estructuras.

¿Qué harías tú, Lector, si todo se viniera abajo?

Si el cielo fuera negro y el suelo oscuridad, si fuera tu hogar un abismo de pura soledad, acostumbrado a vivir en la luz, luminoso ser humano, duerme ahora tu vista un rato y mira. Observa lo patoso que resulta guiarte en plena noche por el ruido de tu casa; fiarte únicamente de tu oído, de tu olfato, de tu tacto, de tu gusto y tu recuerdo.
¿Dónde está tu habitación? ¿Quién ha movido la cama? ¿Se ha perdido tu zapato? Piensa… ¿cuántos pisos has bajado?


No está sola, La mirada, pues como ella, cuatro más hay… Puedes ver el instrumento, tocarlo, intentar olerlo; si gustas, saborearlo. Pero si no puedes oírlo, más te vale dejarlo. Es por eso, en mi humilde opinión, que es, el cauto oído, tu segunda sensación.



Suaves tonos de una pálida canción, tranquilas melodías de una sonata conjunta, el crujir de finas hojas en un bosque, el trinar de dulces aves, el fino sonido de una contenida carcajada, la alegre risotada del niño y el silencioso caminar del felino, el irracional chillido y el amargo llanto… el más desolado grito, el “¡NO!” seco y el “¡SÍ!” victorioso.
Todo son sonidos que capta tu oído, desde el lastimoso lloriqueo hasta el amable suspiro.

Pero no solo eso, tu mente procesa más. No solo los sonidos, también su carencia. Es tan significativo el descontrolado llanto maternal como el silencio final. Es tan, o más, importante el tímido silencio de una lujuriosa noche como el grito pasional de dos minutos antes.

No temas, acabo ya, pues quería decirte más. Piensa en la música, piensa en su ritmo y su velocidad, piensa en sus recuerdos alocados y sus tristes eclipses lacrimógenos. Si jamás has disfrutado de un silencio placentero, si nunca has tenido un estribillo inacabado, si no hay una canción melancólica a la que aludir, si no has disfrutado el debido sonido, querido Lector, yo te recomiendo encarecidamente que te detengas un minuto, porque este es el silencio para pensar en ello, no tendrás otro más sencillo.

Y ahora… sigo.

Suave, duro, ligero, arenoso, cálido y sereno. Él es el tercero de la línea y ya van quedando menos.

Sabes lo suaves que pueden ser las hojas de papel, lo delicadas que son las flores al más ligero toque, lo dulce y cálida que sabe una inocente caricia y lo fría que se siente la lluvia contra la mejilla; gracias, sin duda, al tacto. Sin él… ¿qué sería del mimo protector? Y en el momento adecuado… ¿cómo se sentiría el abrazo deseado?

Sentir el dolor de un golpe, aprender a apreciar el valor de un beso, notar la piel erizada, el escalofrió repentino y la fría nieve deshaciéndose al contacto. Se siente la tranquilidad del roce como la fortaleza de un apoyo. Es un arma de doble filo, quema y congela a la vez, acaricia y golpea sin más, notas la fuerza ejercida, la tensión en el cuerpo, el calor irradiado y el frío acumulado.

Y palpas a tu alrededor, con ojos cerrados, lo que transmite un filo o una curva. Saborear el suave tacto de una mejilla y tentar a tus labios con un beso jovial. Notas así también más cosas: el extenuado cuerpo después un largo día de trabajo, el confort supremo de una cama tras un agotador momento, el reconfortante cansancio de un trabajo bien hecho.

El simple calor de otro ser humano, ¿no es así lector? ¿No es el tacto la sensación del amor? Recorrer con las yemas de los dedos la fina piel del amante; rozar con miedo los labios queridos; abrazar con fuerza y deseo al cariñoso acompañante, yacer a su cálido lado, con caricias de plata y besos escarlata en la mañana...


Lector, que jamás sufrió el dolor, que no aprendió, que no se lamento, que no sintió miedo, éste que no amó con pasión y lloró con desolación, aquel que no tropezó, que no se derrumbó… ese, no es lector apreciable, porque… ¿cómo podría entender mis palabras afables?

Si no recibió golpe alguno, y jamás obtuvo un “no” por respuesta, si para él todo fue fácil y el camino nunca llegó a torcerse, si jamás le ha caído encima la negrura del destino y ha sufrido… A este lector, algo debo decirle, sal a la calle y… ¡vive!

¿Qué es el dolor, sin el amor? ¿Y la felicidad sin el llanto? ¿Dónde queda la seguridad si jamás se tuvo miedo? En mi opinión, la experiencia es lo mejor, pues necesitas variedad para poder comparar… Pero no nos paremos aquí, todavía nos queda un último trecho por recorrer y, por lo que veo, os interesa saber.


Fresco, primaveral y deseado, es dulce cariñoso y fuerte el recuerdo de un amado, el aroma de las rosas, el sabor de las fresas, el fresco olor de la libertad y el grato sabor de la compañía; es el gusto y el olfato los dos últimos contactos, es el olfato y el gusto pues ellos dos van juntos…

¿Qué sería de un sabor sin su respectivo grato olor? Puedes saborear el viento libre y oler el poderoso jazmín, la humedad del rio y la delicadeza de un perfume conocido, puedes intentar saborear la amargura de la soledad y percibir que no anda lejos la locura, el dulce manjar y el delicado olor a libertad.

Puedes intentar tragar la dura infelicidad y oler como arde tu necesidad, puedes querer paladear lo más dulce de la vida y encontrarte con amargas sorpresas escondidas, puedes querer probar la acida sonrisa de una pícara novia o querer llevarte a la boca un bocado demasiado grande.

Tienta con cuidado lector, que es el sabor una extraña sensación, un antojo es saciado sólo con lo deseado y por eso es curiosa la boca que, caprichosa, no obtiene lo querido. Que queriendo probar lo más dulce del amor y, es seguro, va a caer en los labios de la frustración.

No encontraras ,Lector, algo sin su propio olor, de acuerdo estoy que olores poco deseosos hay, pero de esos hoy no hablare, vengo a hablar del aroma del perfume de bellas primaveras, y a contaros del melancólico olor del corazón roto, escucha atento ,Lector, que es el olor una misteriosa sensación, pues te diré: existen en la realidad olores a murmullos, olores a frescura, olores que murmuran en el cuello más querido, así como cargadas fragancias de fuerte sensación que no se olvidan ni fuera de la habitación. Personas que portan su propia y carismática esencia, son recordadas por su olor a lo lejos en el tiempo.
Existen también las dulces esencias de naturaleza y los toques de miel almendrada, el olor que te define y figura que te recuerda.


Estas son, lector, las cinco sensaciones corporales que vas a tener que vivir, vista, oído, tacto, olfato y gusto. A percibirlas aprenderás sin prisas, pero es mejor empezar cuanto antes porque ¿sabes? Solo tienes una vida, vivir hay que vivirla, pero con todo a tu alcance mejor empezar cuanto antes… quien sabe lo que te espera.

¿Qué luces te alumbraran?


Veras la libertad, la solución real, cual ave al viento vivirás, escuchando melodías interiores, podrás volar hasta valles, podrás sentir en tu plumaje las caricias de las nubes, podrás saborear tu seguridad, batir las alas, notar el viento en la cara, oler la velocidad de la victoria, la libertad del ave, la verdad del sueño, la sensación del humano, el querer del querido, el agobio del perseguido, la locura del loco, el triunfo del fracaso, el escrito del escritor, el reflejo del espejo, la lectura de un lector…

Del Lector.





Alekay (Dan)
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